martes, mayo 02, 2006

Present Perfect

La lluvia cae deslizándose por mi pelo hasta los hombros.
Noche gris, a juego con mi alma.

Mi alma. ¿Qué es el alma? Esta pregunta ha apasionado a filósofos de todas las edades.
Pero hacen la pregunta equivocada.

¿Que es el "yo"? Ésta es la pregunta. No puedo decir que es MI alma sin antes haber definido el "yo".

Y bien, ¿qué es el "yo"? Bueno, tenemos la respuesta obvia: "Yo soy 'yo'". Bueno, bien, pero... ¿cómo me defino? No es tan fácil como parece. Mi opinión (y en esto no hay más que opiniones) es que nos referimos a cosas distintas según de qué hablemos.

Por un lado está el "yo" físico... Es decir, el cuerpo, los átomos que constituyen la presencia física del objeto pensante. Pero claro, aquí aparece el segundo sentido. "Yo" soy también el propio sujeto pensante.

Éste es lo que se ha llamado tradicionalmente "alma", "espíritu", o cosas similares. Así que no he descubierto nada nuevo.

Lo curioso, y lo que ha causado esta reflexión vacua, es que la gente da por hecho que son realidades distintas. Es decir, existe un "yo físico" y un "yo pensante", y se entiende el "yo físico" como la morada del pensante. Menudo jaleo. ¿Para qué?

Sí, ¿para qué?

Por qué buscar una explicación compleja a algo que podría explicarse con menos elementos? (Es decir, aplicando la navaja de Occam llegamos a la conclusión de que la explicación en la cual hay un único "yo" (es decir, es mi propio cuerpo el que piensa).

De hecho, en el día a día asumimos que es así. "Pensamos con el cerebro".

Pero hay un momento en el que esta distinción es más marcada que nunca.

Redoble de tambor.

La muerte.

Se veía venir, ¿no? Sí, es en el momento de pensar en la muerte cuando rescatamos la idea de los dos "yo". A nadie (o a poca gente) le da miedo la idea de que muera el cuerpo físico. A fin de cuentas, el "yo pensante", es decir, el verdadero sujeto de nuestros pensamientos, sigue existiendo.
Esto es cierto en todos los sistemas filosóficos, que de una manera u otra dan continuidad a éste yo. En la mayoría de religiones orientales, es la reencarnación; en las occidentales, es el paraíso / infierno.

Pero, hasta el infierno, con todos sus eternos castigos, resulta preferible a nivel inconsciente al desvanecimiento. Aterra pensar en que en algún momento no seremos. No "no estaremos"... ni en el paraíso ni en el infierno. No nos habremos "olvidado" de nuestras anteriores existencias. No. No seremos. No pensaremos, no existiremos. Nos desvaneceremos en la nada.

De verdad, envidio a los que tienen fe... ¿Pero es algo más que un mecanismo de autodefensa psicológica? Es decir, si hay algo que vaya a hacer perdurar nuestro "yo pensante"... ¿El qué? ¿Por qué?

Dios nos ha escogido. Bueno, aceptémoslo como premisa, no lo voy a discutir. Pero... ¿por qué sólo los homo sapiens? Es más, ¿qué nos identifica como humano? ¿En qué punto de la evolución (salvo que aceptemos el creacionismo, en cuyo caso no sé qué haces leyendo esto) nos hemos convertido en hombres? ¿Tuvimos un único antepasado a partir del cual todos cuentan como "hombres" ante los ojos de Dios? No me lo creo.

O sea, yo voy al cielo o al infierno, no está claro, porque siendo el primer hombre... ¿Y mi padre se desvanece como un animal inferior? No, lo siento pero no tiene sentido.

Asumamos entonces que los animales también tienen algún tipo de "eternidad"... ¿Y las plantas? ¿Y las rocas? Porque hay casos donde la frontera entre lo vivo y lo no vivo no está clara... ¿Qué pasa con los virus?

Es más, ¿qué pasa cuando alguien sufre muerte cerebral? ¿Y si uno muere después de un coma? ¿En qué momento se pasa de "estar vivo" a "estar muerto"?

No, volviendo de nuevo a la navaja de Occam, la explicación más simple es la lógica.

No hay nada después de la muerte.

Cuando mueras, te desvanecerás, dejarás de existir por completo, no lo sentirás porque no habrá "yo" que sienta nada.

Piensa en ello.

Bu Ji

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