Una mujer corre por la calle, y su miedo imprime a sus pasos una urgencia que contrasta con la quietud que se siente en el tranquilo calor del verano.
Las alas se acercan... La mujer, asustada, intenta huir. Su corazón late apresuradamente, las venas golpean rítmicamente contra su sien, y la adrenalina empieza a inundar su cuerpo. Quiere huir, pero no sabe dónde, y la calle se va estrechando por momentos.
Nota cómo vuelan sobre su cabeza; se acercan inexorables como su destino. Siente algo entrando en su interior, un espíritu oscuro que la llena, la invade, y la conquista. Poco a poco su cuerpo se entumece y sus movimientos se hacen más lentos mientras nota un helor que permea a traves de la cálida humedad reinante.
Al final, incapaz de seguir corriendo, para por un momento para recuperar el aliento. Una densa niebla ha descendido poco a poco, y la luz de las farolas apenas es un punto brillante difícilmente distinguible en el fondo grisáceo. Cada vez más asustada, apoya su espalda contra la pared, en un vano intento de defenderse.
Las fuerzas le abandonan cada vez más, y la presencia se hace cada vez más profunda en su interior. Cada vez le cuesta más luchar, cada vez le cuesta más resistirse... al final, incapaz de aguantar más, sus rodillas ceden y deja deslizar su espalda por la pared hasta acabar sentada en el suelo, con todo el cuerpo temblando.
Un cuervo se posa encima de ella, clavando sus garras en la piel desnuda de su hombro. Al sentir esto, un escalofrío recorre todo su cuerpo, y nota una ola de lascivia que la inunda.
Ya no puede resistirse, apenas le queda voluntad. Conforme el cuervo aprieta más sus garras, ella rasga la camiseta de tirantes que llevaba, abre su falda y se arranca la ropa interior, quedando desnuda y tumbada en la calle. Ella no quiere, pero un impulso febril le empuja cada vez más, hasta que al final su agotada mente es incapaz de luchar. Tan excitada como está y, sin embargo, nota un frío cada vez más intenso en su interior...
A través de sus ojos entreabiertos ve el pico del cuervo acercarse cada vez más, pero es incapaz de hacer nada por alejarlo, y mientras nota el dolor lacerante cuando el pico del ave perfora su ojo, no puede evitar a la vez comenzar a apretarse brutalmente los pezones, sintiendo a la vez un placer animal.
Mientras el cuervo roe poco a poco sus ya vacías cuencas, es incapaz de hacer nada más que seguir masturbándose, y cada punzada de dolor hace que lo haga más salvajemente, de manera que se lacera ella misma intentando penetrarse todos sus agujeros, rasgándolos incluso y arañándose toda su piel.
Sin embargo, es incapaz de hacer otra cosa, así como es incapaz de tener un orgasmo a pesar de que es lo único que llena su mente en este momento. El dolor es intrascendente frente a un deseo absoluto por saciar la lujuria que le llena cada vez más intensamente.
El cuervo, una vez ahíto del festín, emite un agudo graznido que resuena por toda la calle y echa a volar. Sólo entonces, en ese justo momento, ella tiene un orgasmo tan intenso que pierde el control totalmente... no sólo de su cuerpo, sino de su mente, de su alma y de su vida.
En ese momento se oyen unos pasos resonar, cada vez más cerca, y un hombre recoge a la mujer desnuda, tirada en el suelo, con los ojos vaciados, y se lleva a su nueva esclava.
Bu Ji
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