miércoles, octubre 20, 2010

Paz

Lucía abrió los ojos. Lo primero que sintió fue miedo... Miedo a la oscuridad que la envolvía, miedo a la humedad que la calaba hasta los huesos, miedo al silencio inmóvil que la atenazaba, miedo a ser, miedo a no ser...

Realmente no sabía donde estaba, ni por qué... Simplemente había despertado allí, sin saber cómo había llegado y con qué fin, y quizás esto era lo que realmente la llenaba de temor. Intentaba pensar quién era, pero no conseguía recordarlo tampoco, y el único nombre que venía a su mente era el de Lucía. Ni siquiera sabía si se trataba del suyo propio.

Lo siguiente que notó fue que no se podía mover. Parecía como si su cuerpo pesara una tonelada, o tal vez algo la aprisionaba fuertemente... Sus sentidos estaban tan entumecidos por la inmovilidad que no era capaz de apreciar bien lo que le sucedía. Lo único que podía sentir era el aire entrando con dificultad en sus pulmones... Un aire raro, viciado, lleno de olores acres a los que poco a poco se fue acostumbrando.

El esfuerzo de intentar moverse le hizo marearse, y se tuvo que concentrar para no llegar a perder el sentido. Poco a poco, empezó a darse cuenta de más cosas, y conforme pasaba el tiempo empezaba a poder pensar con mayor claridad.

Estaba desnuda. Podía sentir su piel descubierta, sin nada que la cubriera, apoyada sobre alguna tela ligeramente mullida, y bajo ella, algo duro y sólido. Esto aumentó más su miedo, no sabía qué podría hacer alguien si la encontraba así, tan indefensa y vulnerable. También había vergüenza, el pudor natural al tener su cuerpo expuesto.

Sin embargo, ni siquiera sabía si había alguien más con ella, así que poco a poco se fue tranquilizando. Lo más probable es que no hubiera nadie y, además, aunque hubiera alguien, no podría ver nada puesto que estaba todo en completa oscuridad.

El tiempo siguió pasando, y eso le hizo empezar a preguntarse poco a poco más cosas. Por ejemplo, ¿cuántos años tenía? Sabía que era joven, pero no era capaz de recordar su edad exacta. Lo único que podía recordar era una tarde soleada, tal vez de primavera, en un prado, junto a un hombre. Recordaba las risas, y una sensación de felicidad muy grande... pero nada más.

De pronto, sintió que había alguien más junto a ella. Alguien que la estaba mirando fijamente, que casi podía saber lo que estaba pensando en ese momento. Intentó encogerse, retraerse buscando protección, pero seguía siendo incapaz de moverse. Esperó en tensión a que alguien le dijera algo, o le hiciera algo... pero no pasó nada.

Intentó decirse a sí misma que eran imaginaciones suyas, que allí no había nadie, que seguía sola y que nadie iba a hacerle nada. Poco a poco consiguió calmar su respiración agitada, y consiguió volver a calmarse.

No obstante no era capaz de quitarse de la cabeza que allí había alguien. Empezó a cavilar quién podría ser y qué haría allí. ¿Sería hombre o mujer? ¿Qué edad tendría? ¿Qué querría de ella? Mil y una posibilidades pasaron por su cabeza... Pero cada una le resultaba más aterradora que la anterior... ¿Por qué alguien estaría allí junto a ella sin hacer nada? Empezó a sentir de nuevo un miedo aterrador.

El miedo se fue convirtiendo en resignación... Sabía que estaba a merced de quien estuviera allí, que no podría hacer nada para evitarlo, así que lo mejor que podía hacer era prepararse para ello.

¿Qué haría? ¿Le torturaría? Empezó a pensar en cómo podrían sentir cuchillas hundiéndose poco a poco en distintos sitios de su piel... en sus brazos, en sus piernas, en su vientre... Casi lloró al imaginar el dolor de notarlas entrando a través de sus pupilas... El dolor de notar cómo descoyuntaría sus articulaciones una a una...

¿O tal vez querría usar su cuerpo? Seguro que era un hombre lo que había, podía notarlo. Sí, era un hombre y la deseaba... Intentó pensar formas de resistirse, pero no se le ocurría ninguna... Estaba totalmente a su disposición, no podía hacer nada, y él haría con ella lo que quisiera.

Pero al pensar en las cosas que podría hacerle, no pudo evitar que su cuerpo respondiera... Por algún motivo la idea de que alguien a quien no podía ver usara su cuerpo despertaba ideas en su mente que no podía alejar. ¿Cómo sería su lengua recorriendo su piel... sin poder moverse, únicamente notándola recorrer poco a poco todos sus rincones, empezando por los brazos, el cuerpo, los pechos... Empezó a desear tenerla entre sus piernas... Vibrando de placer pero sin poder siquiera temblar.

Quería tenerle dentro de ella, ser un objeto inerte con el que él disfrutara, notar cómo llegaba un orgasmo pero era incapaz de apartarle y seguía sintiéndole entrar como si nada... Sabiendo que él seguiría sin parar a pesar de que ella estuviera saciada...

¿Pero por qué no la usaba de una vez? ¿No se daba cuenta de cómo lo necesitaba? ¿No sabía que sería toda suya?

Finalmente, un ruido.

Las tablas del ataúd habían acabado por ceder, y entró comenzó a caer poco a poco algo de tierra. Lo último que sintió Lucía fue cómo los gusanos que acababan de entrar empezaban a comer su cuerpo entumecido, antes de desvanecerse de nuevo en la oscuridad eterna.

No hay comentarios: